Balance de la jornada electoral: Entre la farsa del parlamento y el despertar de la lucha directa

Balance de la jornada electoral: Entre la farsa del parlamento y el despertar de la lucha directa 1

El pasado domingo 8 de marzo, mientras las calles del mundo vibraban con la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, en Colombia la agenda fue asaltada por la maquinaria electoral. Tras el cierre de las urnas y el baile de cifras oficiales, desde la redacción de Revolución Obrera y nuestro podcast Vanguardia Obrera, presentamos un análisis necesario para la clase obrera: ¿Qué nos dejó realmente esta jornada?

Un Congreso de mayorías aparentes

A primera vista, el Pacto Histórico se presenta como el «gran ganador» al consolidarse como la bancada individual más numerosa en Senado y Cámara. Sin embargo, para los trabajadores la lectura debe ser más profunda. El aumento de curules no equivale al control del poder.

La realidad legislativa que se avecina es la misma de los últimos años: un escenario donde el programa de reformas (salud, pensiones, agraria) sigue atado a las negociaciones con los partidos «bisagra» y los sectores de la centroderecha. Sin una mayoría absoluta, la «ilusión parlamentaria» choca contra un muro de bloqueos y diluciones. El Estado burgués demuestra, una vez más, que su estructura está diseñada para que nada cambie de raíz.

El castigo a los oportunistas y la reacción

Un aspecto destacable fue la caída de los llamados «quemados». Figuras que utilizaron la propaganda rastrera, que se burlaron del dolor del pueblo —como las víctimas de los falsos positivos— o que traicionaron sus banderas en el Congreso, recibieron el rechazo de los votantes. Este castigo, aunque se manifieste en las urnas, es un síntoma del desprecio popular hacia una casta política que solo ve en el Estado un botín personal.

La abstención: El verdadero veredicto popular

La cifra más contundente de la jornada no la dio ningún candidato, sino el 50% de abstención. Casi la mitad de los colombianos habilitados para votar decidió no acudir a las urnas.

Desde la prensa burguesa se tacha este fenómeno como «apatía». Desde la óptica proletaria, lo llamamos desencanto y rechazo consciente. Es la respuesta de un pueblo que, tras años de promesas de cambio incumplidas y escándalos de corrupción que salpican incluso a quienes prometieron gobernar distinto, entiende que su salvación no está en un tarjetón. La desconfianza en la institucionalidad burguesa es hoy más profunda que nunca.

Una democracia de papel y fraude

No podemos ignorar las denuncias de fraude que empañan estos comicios: manipulación de formularios E-14, compra de votos detectada en varias regiones y trasteo de votantes en las fronteras. En el capitalismo, las elecciones no son neutrales; son un juego donde el capital y el control territorial definen los resultados. Como bien se discutió en nuestra mesa de análisis, en este sistema «el que escruta, elige».

Nuestra conclusión: Solo el pueblo salva al pueblo

Independientemente de quién se siente en las sillas del Capitolio o quién administre el Palacio de Nariño, la lección para la clase obrera y el campesinado es clara: las conquistas no son favores de los gobiernos.

Todo lo que el pueblo trabajador ha ganado a lo largo de la historia —salarios, derechos, tierras— ha sido producto de la huelga, la movilización y la organización independiente. La invitación de la redacción de Revolución Obrera es a no depositar nuestra esperanza en las instituciones de los explotadores. Vote o no vote, luche.

¡A organizar la rebeldía! ¡A fortalecer la lucha directa en las calles! Porque, gobierne quien gobierne, los derechos se defienden y se conquistan luchando.

Puedes escuchar el análisis completo en el episodio 226 de nuestro podcast Vanguardia Obrera en YouTube y plataformas de audio.

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