
El 1 de octubre de 1949, en la plaza de Tinanmén, en Pekín capital de China, Mao Zedong proclamó la fundación de la República Popular China, como resultado de un prolongado proceso revolucionario liderado por el Partido Comunista de China ( en adelante PCCh), este proceso estuvo marcado por fuertes enfrentamientos contra diferentes enemigos, entre ellos el imperio japones y el Kuomintang (partido nacionalista con el que en determinados momentos el PCCh estableció alianzas), dicho acontecimiento representó la derrota del gobierno nacionalista del Kuomintang, instaurando el Estado de Nueva Democracia, una forma de dictadura del proletariado[1].
La victoria revolucionaria no fue únicamente el resultado de la confrontación militar contra las fuerzas nacionalistas, sino también de un proceso de movilización de amplios sectores de las masas oprimidas en la sociedad china, nos referimos especialmente al campesinado que, en un país caracterizado por la dominación imperialista, persistían relaciones sociales y de producción profundamente retrogradas y opresivas que agudizaban la lucha de clases. En estas condiciones, el PCCh desarrolló una estrategia revolucionaria que buscaba articular la lucha por la soberanía nacional, la transformación de las relaciones agrarias y la construcción de un nuevo poder político bajo una dirección proletaria que condujera hacia el socialismo.
En este contexto, surge la Nueva Democracia, formulada como respuesta al desarrollo de unas determinadas condiciones que sentaran las bases para la Revolución Socialista, sus tereas fundamentales tenían que ver con transformar las relaciones feudales y combatir la dominación imperialista que impedían el desarrollo económico e industrial; impulsar una redistribución de la tierra; promover el desarrollo de las fuerzas productivas y atender los profundos problemas que afectaban a amplios sectores del campesinado y del proletariado chino.
Lo anterior se profundiza en La revolución china y el Partido Comunista de China, escrito en 1939 por Mao, quien caracteriza a la revolución china de ese momento como democrático-burguesa y no proletaria-socialista, debido a que sus principales enemigos eran el imperialismo y el feudalismo, por lo cual su objetivo inmediato no consistía en eliminar la propiedad privada capitalista, siempre y cuando esta no se opusiera al camino revolucionario, pues el proceso chino hacía parte de la Revolución Proletaria Mundial, y no de las revoluciones burguesas del pasado.
De ahí que se estableciera una diferencia entre facciones de la burguesía una la burguesía compradora y otra la burguesía nacional, la burguesía compradora estaba vinculada al imperialismo y se veía beneficiada de las relaciones de producción feudales, que vinculaba a su propio proceso de producción, mientras que, la burguesía nacional presentaba contradicciones con la burguesía compradora y el imperialismo por lo que podría estar a favor de apoyar ciertas tareas democráticas que no apoyaba la burguesía compradora.
A su vez la reforma agraria, hizo aparecer en el campo la propiedad individual campesina, sobre la propiedad terrateniente, por lo que las relaciones capitalistas no son superadas, en tanto que es una tarea de la Revolución Socialista. Por lo que en la Revolución de Nueva Democracia destruye algunas formas de producción y de opresión, pero conserva otras, proceso que debe ser guiado por el proletariado y su Partido Comunista para poder avanzar hacia el socialismo, pues es una etapa transitoria del complejo desarrollo revolucionario.
Mao lo deja claro en 1964, en una intervención titulada Talk on Questions of Philosophy. En ella vuelve su vista hacia la experiencia de la revolución en China y formuló explícitamente el problema de la permanencia de la Nueva Democracia. Allí afirmó:
«Consolidar la Nueva Democracia, y seguir consolidándola para siempre, es participar en el capitalismo. Nueva Democracia es una revolución democrático-burguesa bajo el liderazgo del proletariado. Afecta sólo a los terratenientes y a la burguesía compradora, no afecta en absoluto a la burguesía nacional. Dividir la tierra y dársela a los campesinos es transformar la propiedad de los terratenientes feudales en propiedad individual de los campesinos, y esto todavía permanece dentro de los límites de la revolución burguesa. Dividir la tierra no es nada destacable — MacArthur lo hizo en Japón. Napoleón también dividió la tierra. La reforma agraria no puede abolir el capitalismo ni conducir al socialismo.»
Estas reflexiones debemos tenerlas en cuenta cuando conmemoramos el triunfo de la Nueva Democracia en China, pues es necesario que los comunistas tomen posición sobre el camino que ha tomado China desde 1949, pues la victoria revolucionaria no significó por sí misma la desaparición del capitalismo, de ahí que posteriormente, casi dos décadas después, la Gran Revolución Cultural Proletaria haya decidido hacer todo lo posible por evitar la restauración del capitalismo en China. Actualmente, el PCCh menciona que China aún va hacia el socialismo, en ese sentido vale la pena preguntarse si el Partido Comunista más grande del planeta, el cual es presentado como faro de la revolución mundial por algunos partidos de izquierda (sobre todo de izquierda electorera y reformista), ha caído o no en la advertencia que hacía Mao en 1964.
[1] Jaime Rangel, El Marxismo Leninismo Maoísmo: Ciencia de la Revolución Proletaria, 2.ª ed. (2023), p. XX, Pg. 6 https://www.revolucionobrera.com/wp-content/uploads/2023/10/Libro-JR-completo.pdf






